Blog del Doctor Cabau

Terapia Integral Planificada

CENTRO DE PSIQUIATRÍA DINÁMICA
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¿QUÉ ES LA PSICOTERAPIA? PARTE SEGUNDA (FICHA 10)


En la primera parte de este artículo (ficha 9), definimos la psicoterapia cómo un proceso de comunicación entre un psicoterapeuta y una persona que solicita ayuda (paciente), con el propósito de mejorar la calidad de vida de este último, a través de un cambio en sus pensamientos, sentimientos o acciones.


También se analizó la palabra proceso con algunas consideraciones prácticas.


Hoy nos centraremos en la palabra comunicación en psicoterapia. En la ficha 7 de este blog, ya he hablado de la comunicación en su sentido más amplio. Hoy haré hincapié en la comunicación más específica entre paciente y terapeuta.


La esencia de la psicoterapia es “repetir diferenciando para dejar de repetir”. ¿Esto qué significa? Pues que una persona que siempre se comporta o se comunica de la misma manera, se está moviendo en un círculo vicioso sin progresar. Son esas personas que envejecen porque cumplen años, pero no maduran porque no aprenden.


Si somos capaces de introducir en nuestro discurso, algún cambio comunicacional por pequeño que sea, ese círculo cerrado, poco a poco se irá abriendo, hasta llegar a convertirse en una espiral dialéctica que nos permitirá “salir” de ese círculo empobrecedor en el que nos encontrábamos.


Si por ejemplo un paciente se muestra siempre sumiso, postergando sus deseos en función de los deseos de los demás, es que se mueve en un círculo repetitivo y cerrado, donde siempre adopta el papel de persona sumisa y complaciente. Si a través de la psicoterapia, se da cuenta de esa pauta comunicacional y empieza de vez en cuando a decir “al otro” que no, centrándose más en lo que él quiere; entonces empezará a “repetir diferenciando”. Si esa pauta comunicacional continua, llegará un momento donde dejará de repetir.


Cualquier pauta comunicacional anómala se debe “descubrir” en el “aquí y ahora” de la sesión. Es decir; lo que le pasa “aquí y ahora” con el terapeuta, es lo que le pasa al paciente “allá, afuera y con los otros”.


El trabajo del terapeuta es darse cuenta de esas pautas comunicacionales que le ocurren al paciente, tanto con el terapeuta como con los demás. Hay que transmitírselas, para que su “yo observador” (ver ficha 6) se ponga en marcha, haciéndole ver sus repeticiones y así poder corregirlas.


Por todo lo anterior, concluimos que por lo menos hay tres objetivos fundamentales en toda psicoterapia: hacer consciente lo inconsciente, asociar lo disociado y repetir diferenciando para dejar de repetir.


Vamos con la palabra psicoterapeuta.


Hasta hace 8 años, no existía un diploma reconocido para ejercer la profesión de psicoterapeuta. Cualquiera podía autonombrarse terapeuta y abrir una consulta sin importar su titulación y/o preparación (de hecho todos los profesionales conocemos más de un caso).


Gracias a la aparición de un registro nacional de psicoterapeutas agrupados en la FEAP (federación española de asociaciones de psicoterapeutas), se pudo empezar a poner coto a esos furtivos y a saber quién era quién.


Se crearon asociaciones de terapeutas según la diferentes corrientes técnicas (cognitivo, gestalt, psicodinámica, transacional, comportamental, psicoanalítica, etc ) A su vez estas asociaciones se agruparon en la FEAP, desde donde se dictaron una serie de criterios mínimos comunes a todas las asociaciones, para así garantizar, que los terapeutas tenían una formación mínima para tratar los problemas psicológicos de las personas que acudían a ellas.


A modo de síntesis, los criterios mínimos que dicta la FEAP para ser terapeuta son:


1.- Ser titulado universitario, siendo las licenciaturas en psicología y medicina las consideradas más adecuadas para acceder a la formación. Los médicos especialistas en psiquiatría y los psicólogos especialistas en psicología clínica, se les acredita como psicoterapeutas, siempre que demuestren documentalmente su práctica, actividad y supervisión clínica.


2.- Un mínimo de 3 años a tiempo parcial, en el periodo de post-grado universitario dedicados a la formación teórica, técnica y clínica en psicoterapia con un mínimo de 600 horas lectivas.


3.- Un mínimo de 2 años de práctica profesional como psicoterapeutas, debidamente supervisada. Debe incluir, así mismo, al menos el tratamiento de 2 casos con un mínimo de 300 sesiones de tratamiento y 100 sesiones de supervisión de dichos tratamientos. Esta supervisión de la práctica profesional, habrá de realizarse con psicoterapeutas expertos acreditados por las respectivas asociaciones de psicoterapeutas.


4.- Un mínimo de 6 meses de actividades prácticas en entornos públicos o privados de Salud Mental, en los que el psicoterapeuta en formación, pueda tener experiencia directa de la clínica psicopatológica, permitiéndole tomar contacto directo con las diferentes formas de manifestación de los trastornos mentales, y los distintos profesionales que intervienen en la Salud Mental.


Con estos filtros es mucho más difícil que alguien “se cuele” con el daño que eso significa para los potenciales pacientes.


Como vemos y resumiendo: una buena formación debe ser superior a 3 años y debe incluir forzosamente una psicoterapia personal junto con una supervisión clínica de los propios casos.


Desde el punto de vista práctico, cuando alguien me pregunta por ejemplo, que si conozco algún terapeuta en Albacete. Le digo que no, pero que consulte la guía de la FEAP y busque a alguien de esa ciudad, porque cualquiera que esté registrado allí, por lo menos asegura que tiene una correcta preparación y no es ningún advenedizo.


Honradamente creo que la especialidad de psiquiatría es de las más difíciles de la medicina. Digo esto, porque sabéis que los psiquiatras tenemos bastante fama de locos y cuando me lo preguntan, suelo contestar que probablemente esa afirmación sea cierta. Creo que puede ser cierta por dos motivos principales: en primer lugar porque somos personas y no es lo mismo operar un pie, pongamos por ejemplo, que tratar con una persona neurótica, cuyos problemas pueden ser muy parecidos a los míos, siendo en esos casos, muy difícil tomar distancia terapéutica y evitar “el contagio”.


La segunda razón, es que muchos profesionales, por el hecho de tener la especialidad, empiezan directamente a tratar pacientes, ignorando ”de que va la propia locura”. En otras palabras: es absolutamente indispensable, según he escrito más arriba, estar bien analizado. Hay que haber sido “cocinero antes que fraile” o en nuestro caso, “haber sido antes paciente que terapeuta”. Continuará …

¿QUÉ ES LA PSICOTERAPIA? PARTE PRIMERA


Cuando una persona está en conflicto, gran parte de su energía permanece atrapada en él. Se comporta como un país en guerra, donde la juventud está pegando tiros en la frontera, mientras que la industria y los medios de producción de ese país se vienen abajo.


Si el total de la energía del paciente es 100 y tiene el 70 % de esa energía depositada en los conflictos, solo le queda un 30 % de energía libre de conflicto o energía para vivir. Esta falta de energía, se suele transformar sintomatológicamente hablando, en un cansancio permanente (Freud llamaba a ese cansancio, psicastenia o cansancio de la mente).


Si hacemos la analogía con un cáncer, sabemos que los tumores o “conflictos” van proliferando a la vez que absorben la energía del portador hasta que acaban con su vida. Pues bien, igual que en oncología se utiliza la radioterapia o la quimioterapia para combatir esos tumores, nosotros utilizamos la psicoterapia para luchar contra los conflictos psíquicos.


El trabajo terapéutico consiste entonces en ayudar al paciente a ir resolviendo esos conflictos. En la medida que se logre ese objetivo, se irá “firmando” la paz psíquica y la energía que el paciente tenía puesta en los mismos, se liberará como energía libre de conflicto o energía para la vida. Irán cesando las “hostilidades”, de manera que esa nueva energía hará posible la reconstrucción de lo destruido.


Como ya he comentado en alguna ficha anterior, la persona que sufre es una persona que está disociada o dividida. Para aclarar este concepto, trata de visualizar al psiquismo como un gran iceberg, donde lo que sobresale del agua y se ve, representa nuestro mundo consciente y es solo 1/3 del total. Los 2/3 restantes están debajo del agua, no se ven y representan nuestro mundo inconsciente. Para un terapeuta con una visión psicodinámica de la mente, cualquier persona está continuamente mediatizada por corrientes inconscientes que chocan con aspectos conscientes, originando conflictos psíquicos que se expresan en forma de síntomas.


Se supone que el terapeuta es un experto en “bucear” en el inconsciente del paciente, tratando de encontrar y extraer todo lo disociado. Es como ir a la búsqueda y rescate de las fichas del puzle de cada cual, sin las que es imposible completar el cuadro de contradicciones y conflictos que cada uno de nosotros somos.


Voy a aprovechar este enunciado, para recordar que todas las sesiones “sirven”, en el sentido de que en todas ellas “recolectamos fichas del puzle”, pero de pronto, en una determinada sesión “encontramos” una “ficha de esquina”, con la que armamos rápidamente una gran parte del puzle en el que estábamos trabajando. Le solemos atribuir a esa sesión una especial importancia, ignorando que sin las otras sesiones, tal hallazgo hubiera sido imposible.


Veamos esto con un ejemplo: una persona puede ser consciente y por lo tanto estar perfectamente “asociada” o conectada, con lo mucho que quiere a su padre, pero estar totalmente inconsciente o “disociada” del resentimiento que le tiene. Supongamos que el padre se separó de la madre cuando el paciente era pequeño. Esa “disociación” inconsciente le generará en su comunicación cotidiana con el padre, una cierta confusión y conflicto que no sabrá explicarse.
De forma esquemática, podemos definir la psicoterapia como “ hacer consciente lo inconsciente o asociar lo disociado”.


En forma genérica, definimos la psicoterapia cómo un proceso de comunicación entre un psicoterapeuta y una persona que solicita su ayuda (paciente), con el propósito de mejorar la calidad de vida de este último, a través de un cambio en sus pensamientos, en sus sentimientos o en sus acciones. Vamos a tomar está definición como un punto de partida para describir y analizar cada uno de los términos que se mencionan en la misma.


Vamos a empezar por la palabra proceso. La palabra proceso significa cambios en el tiempo. ¿Pero cómo se producen estos cambios? ¿Cómo alguien que no me conoce en absoluto, “solo” con la palabra puede hacerme cambiar en algo?


Para el paciente (también para cualquier persona), el simple hecho de sentirse escuchado ya es terapéutico en sí mismo. Siente que sus preocupaciones las “deposita” en alguien seguro, que es de su confianza y que se hace “plenamente cargo” de ellas, liberándole por lo tanto, de un gran peso. Todos tenemos la experiencia de lo bien que nos ha venido sentirnos escuchados por alguien que nos quiere.


Si eso es así, lo primero que uno se pregunta es: ¿porqué debo acudir a un profesional y no a un buen amigo o al cura de la parroquia por ejemplo?


Como profesionales, compartimos con el amigo o el cura, el interés simpático (empatía) por el otro, pero a partir de ahí no tenemos nada que ver con ellos, puesto que como terapeutas, poseemos unos conocimientos que estas personas no tienen.


A esta primera etapa de sentirse escuchado fuera del ámbito profesional, la llamo sin ánimo peyorativo “psicodiálisis”. La llamo así porque aunque la persona no resuelva nada básico, si que se descarga y alivia. Perdón por lo escatológico del ejemplo, pero es como ir al servicio, donde deposito lo que no digiero y luego tiro de la cadena. Lo malo es que a las pocas horas, vuelven las molestias y de nuevo necesito “depositar”.


Cuando explico en qué consiste la psicoterapia para mí, suelo hacer un símil con la acupuntura. El maestro acupuntor sabe en qué puntos de nuestros meridianos debe insertar las agujas con el fin de reconducir la energía a un determinado órgano. Pues bien, como terapeutas en vez de agujas utilizamos palabras, que como estructuras de significado que son, producen cambios en el psiquismo del paciente.


Si hemos dicho que el paciente sufre por su disociación y su historia, esto quiere decir que existe un bloqueo y por lo tanto no hay una comunicación fluida entre su mundo consciente e inconsciente, siendo la misión del terapeuta, como he dicho más arriba, asociar lo disociado o hacer consciente lo inconsciente.


Quizá se pueda entender mejor este concepto con un ejemplo clínico.


Hace un tiempo tuve un paciente de 33 años que estaba a punto de terminar su cuarta carrera universitaria. Se dedicaba a estudiar y a acumular carreras. Consultaba por sus cada vez más continuos ataques de ansiedad.


En este caso las palabras “mágicas” que hicieron que se “conectase consigo mismo”, fueron decirle que era un “eterno adolescente”. Nótese que las dos palabras tienen una gran carga semántica y al nombrarlas, provoque en su psiquismo una cascada de asociaciones que rebotaban en su inconsciente. Seguramente, esas asociaciones fueron del tipo: dilatar un etapa, miedo a crecer y a salir de casa, temor a entrar en el periodo competitivo adulto del mundo del trabajo, etc.


Desde lo manifiesto de su conducta, era un hombre digno de admiración por sus logros académicos (siempre era mejor acumular títulos universitarios que dedicarse a las drogas por ejemplo), pero su mente inconsciente “sabía” que tenía miedo a crecer y a enfrentar y superar la etapa básica del crecimiento, que se llama exogamia o salida del hogar familiar.


Si todo adolescente tiene “tres trabajos básicos” que son: separarse de los padres, ganarse la vida y relacionarse afectivamente. Mi paciente, a pesar de sus 33 años, aún no había logrado ninguno de los tres objetivos.


Gracias a esas palabras y a todo el trabajo terapéutico en torno a ellas, pudo conectar con su resistencia al cambio. Ese trabajo fue la “palanca” movilizadora para los cambios posteriores que le permitieron primero aceptar sus resistencias a crecer y luego a través del proceso terapéutico, lograr definitivamente liberarse del cuadro de intensa angustia que le había llevado a consultar.


Si una psicoterapia está bien hecha crece con el tiempo. ¿Por qué digo esto? Pues porque a lo largo de cualquier proceso terapéutico se va “sembrando” el psiquismo del paciente, de cantidad de “palabras clave” que se comportan como “semillas” que a veces tardan años en germinar, pero que cuando lo hacen, aunque el paciente haya terminado su psicoterapia, su psiquismo las recuerda y le sirven para seguir avanzando por el camino de la vida. Continuará …

EL CUERPO NUNCA MIENTE

Al nacer, todos lo hacemos en el seno de una determinada cultura (ver la realidad no existe, existen formas de ver la realidad) que debemos incorporar si queremos sobrevivir. Toda cultura es un mundo de significados compartidos cuyo principal vehículo es el lenguaje. Siendo el lenguaje lo que caracteriza al hombre como especie, es lógico que se constituya en su principal “instrumento” para poder transitar por la “realidad”.

Este “organizador psíquico” nos permite ir objetivando las experiencias. Experiencias, que al ser repetitivas nos posibilitan anticipar situaciones y por lo tanto, vivir más adaptados a un mundo en continuo cambio.

Cuando nos comunicamos con alguien y en la psicoterapia esto es básico, utilizamos tres tipos de canales o vías de comunicación:

1.- La comunicación Digital que está basada en la PALABRA, es auditiva y la utilizamos cuando enunciamos una palabra para nombrar algo, donde la palabra es un signo arbitrario y fruto de un acuerdo semántico (por ejemplo, todos nos hemos puesto de acuerdo en que determinado aparato es una TV o una radio).

2.- La comunicación Paraverbal que es todo lo que “acompaña” a lo que se dice: risa, llanto, intensidad, timbre y TONO DE VOZ.

3.- La comunicación No Verbal que está representada por el LENGUAJE CORPORAL. Corresponde a “todo lo que se hace pero no se dice” (gestos, mímica, postura, MIRADA O CONTACTO VISUAL)

Todos estos canales, no los utilizamos en la misma proporción. Múltiples estudios científicos sobre comunicación humana, han coincidido con pequeñas diferencias, en que el impacto y efecto de una determinada comunicación depende en un 55 % del lenguaje corporal (básicamente de la mirada), en un 38 % de la comunicación paraverbal (fundamentalmente el tono de la voz) y solo en un 7 % de la palabra.

Muchos científicos consideran que la escisión evolutiva entre nosotros y nuestros parientes primates más próximos (gorilas, orangutanes y chimpancés), data de hace 5 millones de años (aunque entre nuestros genes y los suyos hay una diferencia de menos del 2 %).

Los modelos de comportamientos integrados para la planificación y creación de herramientas se desarrollaron hace al menos 2,5 millones de años, mientras que el “lenguaje avanzado” y las normas necesarias para la organización social datan de hace tan “solo” 30.000 o 40.000 años. Como se ve en estos datos, resulta que llevamos 5 millones de años separados de nuestros “primos” los chimpancés y solo sabemos hablar desde hace 40.00 años ¿de qué os fiarías mas, del lenguaje verbal o del no verbal?

En resumen: cuando nos comunicamos, solo el 7 % de esa comunicación depende de lo QUE DECIMOS (las palabras) y el 93 % depende de CÓMO LO DECIMOS (miradas y tonos de voz).

Como resulta obvio, la comunicación paraverbal y la no verbal es la más antigua en el tiempo puesto que nos ha ido acompañando en nuestra evolución como especie. Hasta que desarrollamos una determinada zona del cerebro en el hemisferio izquierdo, conocido como el área de Broca y logramos la posición erguida (bipedestación) que permitió la ubicación adecuada de las cuerdas vocales, no pudimos empezar a desarrollar la comunicación verbal.

Ese 93 % “no verbal” lo compartimos con los animales. Por eso, con estos datos, podemos comprender muy bien a esa persona que nos dice que su perro le “entiende tan bien, que solo le falta hablar”. Esto es literalmente cierto, porque su perro y él comparten el 93 % de los canales de comunicación.

Cualquiera puede comprobar, que a menos que se sepa chino es imposible entenderse con uno por teléfono (por ese canal, solo existe la palabra con su escaso 7 %). Sin embargo, si lo tenemos enfrente y queremos comer, basta con que nos llevemos la mano a la boca con gestos rítmicos, para que nos entienda inmediatamente. En este caso hemos puesto en marcha el poder de lo no verbal (93 %) con el signo universal de “tengo hambre”.

Otro ejemplo de comunicación lo tenemos al acercarnos a un bebé recién nacido, por lo tanto sin posibilidad de entendernos con la palabra (sin códigos verbales). Si comenzamos a insultarle con todo tipo de improperios, pero con un tono dulce, pausado y tierno, veremos que no protestará e incluso puede obsequiarnos con una sonrisa. Si ahora empezamos a decirle cosas cariñosas y tiernas elevando la voz y con gestos bruscos, veremos que el resultado será catastrófico.

¿Qué ha pasado? Pues, obviamente el bebé lo que capta y a lo que responde es a la “música” analógica, no verbal y universal del afecto y ternura (es decir al 93 %). No puede entender ni responder a una “letra” digital desconocida (la palabra con su 7 %), porque sencillamente no ha podido aún adquirir el aprendizaje de los códigos verbales.

En relación al 93 % quiero mencionar lo que les sucede a “los locos”, a los niños y a los alcohólicos, que como dice el refranero popular ”son los únicos que dicen la verdad”. Estos tres colectivos tienen en común el “debilitamiento” de la palabra (el 7 %). Si las palabras son estructuras de significado, “los locos”, están fuera de la realidad de las palabras, los niños no tienen incorporado totalmente el lenguaje y los alcohólicos están desinhibidos e incapacitados para coordinar un lenguaje coherente.

Hace unos años, fui contratado por la compañía Iberia, para dar unos cursos, que duraron 5 años, sobre procedimientos de intervención en crisis con pasajeros conflictivos. Los cursos estaban dirigidos a un colectivo de 900 sobrecargos, que como sabéis son los “jefes” de los tripulantes de cabina. Imaginaros por un momento, los miles y miles de pasajeros que habían visto estas personas a lo largo de su experiencia profesional. Me escribían mandándome todo tipo de anécdotas y situaciones reales que les habían ocurrido estando de servicio.

Ejemplos prácticos

Como ejemplo práctico de mala comunicación, la siguiente situación:

Una azafata se dispone a repartir a los pasajeros la prensa matutina, cuando desde el fondo del pasillo un señor reclama su atención diciendo ¡señorita, señorita, prensa económica!

La tripulante sin inmutarse continua repartiendo los periódicos, siendo interrumpida de vez en cuando desde el fondo con un insistente – ¡señorita… prensa económica! La situación sigue igual, hasta que la tripulante, dos filas antes de llegar a ese señor, exclama mirando al pasajero al que le estaba entregando un periódico : ¡pues más económica que esta, que no le va a costar ni un duro!

Todos los pasajeros que la oyeron soltaron una gran carcajada y el que solicitaba insistentemente la prensa económica le puso una reclamación.

En principio se trata de una anécdota graciosa y en un examen superficial podríamos pensar que ese pasajero carecía de sentido del humor. Si nos fijamos con mayor detalle, veremos por lo dicho más arriba que a la azafata “se le olvidó” el 93 % de la comunicación. En vez de reírse CON el pasajero, se rió DEL pasajero.

Todo eso se habría evitado, si en el primer momento, cuando el pasajero le reclamaba desde el fondo, ella le hubiese mirado un solo instante o hubiera hecho un pequeño gesto con la mano, mandándole la comunicación no verbal (93 %) de “mensaje recibido” (pensar en lo mucho que nos molesta cuando en la barra de un bar, le pedimos al camarero un café y este, a pesar de estar muy cerca, no nos manda ningún mensaje de habernos visto u oído).

Tengo otra situación que representa la antítesis de esta última:

SITUACIÓN: Junto a la puerta de embarque estaba la azafata con una compañera de tripulación. Al fondo venía el último pasajero cargado de bultos por todos los sitios. Cuando estaba a la altura de ellas dos, no se le ocurrió a una de ellas otra cosa que mirándole, decir en voz alta: ¡que duras son las mudanzas! El pasajero no pudo reprimir la risa y se le cayeron todos los bultos.

En este caso queda muy claro que la azafata se rió CON el pasajero (al vincularse con la mirada y tono de voz) y el resultado fue muy distinto del anterior.

Por todo lo visto, podemos concluir que dada la supremacía de lo NO VERBAL sobre lo VERBAL, EL CUERPO NUNCA MIENTE. 

UNAS PALABRAS SOBRE EL APRENDIZAJE EN PSICOTERAPIA


Por lo general, en toda formación, psicológica o no, está bastante extendido el prejuicio de que el libro, la charla o el curso pueden ser más o menos interesantes desde el punto de vista teórico, pero que muy poco de lo que nos cuentan, va a tener una aplicación práctica inmediata. Seguramente, los que pensáis así, tenéis algo de razón, puesto que esta es una materia donde no es infrecuente teorizar y “hablar de oídas” , y si además, se han recibido demasiadas charlas teóricas apartadas de una realidad cotidiana profesional, ya tenemos la mezcla corrosiva del desencanto y el escepticismo frente a lo psicológico.


Quiero puntualizar desde ya, que seas o no profesional de la psicología, si tu trabajo tiene que ver con el trato con personas, no te voy a decir nada aquí que tú no sepas ya. De tu trabajo sabes tú muchísimo más que yo, lo que ocurre es que en algunas ocasiones, no sabes que sabes. En aquellas situaciones difíciles que hayas resuelto, es probable que lo atribuyeses a tu “instinto u oficio” . Pero para mí, lo que has puesto en marcha sin saberlo, es tu “competencia inconsciente” para resolver problemas.


Para todos aquellos que hayáis tenido que aprender de la experiencia, el camino habrá sido muy duro, puesto que este tipo de aprendizaje está basado en el ensayo y error. De tal suerte, que con el tiempo y su correspondiente desgaste, se van descubriendo los fundamentos de la técnica”.
Seguramente la experiencia os ha enseñado que cuando un cliente levanta su tono de voz, sistemáticamente vosotros la bajáis, y así se va logrando que nuestro interlocutor también lo haga. A esa conducta, se le llama técnicamente MODELAJE y es algo que en psicología viene utilizándose desde hace mucho tiempo y, a lo peor, a ti te ha costado años y disgustos, reconocerlo y aplicarlo.


No es infrecuente, que cuando le contamos a alguien alguna anécdota que tenga que ver con situaciones más o menos conflictivas y de las que hemos salido bien parados, nos comente que … “has tenido suerte, porque si hubieses dado con otra persona, seguramente lo que hiciste no habría funcionado”, con lo cual se crea una sensación de “sonó la flauta por casualidad” o “esto de la psicología es pura suerte”. Pues bien, la suerte existe y es necesaria, pero con nuestra técnica, podemos lograr que las cosas ocurran, llevando la situación al terreno que nos interesa.


Volvamos al aprendizaje. Más arriba, veíamos cómo a base de responder a los estímulos, uno va generando respuestas que unas veces funcionan y otras no. Con esa técnica de “ensayo y error” uno va aprendiendo lo que le funciona, y a fuerza de repetirlo “lo hace suyo” (adquiere una competencia inconsciente).


Todo aprendizaje sigue un patrón ascendente en términos de niveles (ver el esquema). Voy a exponer los pasos del aprendizaje, siguiendo el ejemplo de Juan, un chico de 18 años que quiso sacarse el carnet de conducir.


Hace un par de años, Juan se encontraba en el nivel más bajo de aprendizaje, que recibe el nombre de incompetencia inconsciente, donde no se sabe que no se sabe . Efectivamente, ni siquiera se había planteado el hecho de conducir, puesto que no tenía la edad reglamentaria para hacerlo y por lo tanto esa posibilidad, no estaba en su campo de intereses (al igual que le ocurría con las hipotecas o la jubilación).


INCOMPETENCIA INCONSCIENTE
No sabe que no sabe


INCOMPETENCIA CONSCIENTE
ya sabe que no sabe


COMPETENCIA CONSCIENTE
ya sabe que sabe


COMPETENCIA INCONSCIENTE
no sabe que sabe


Al cumplir los 18, se planteó sacar el carnet de conducir. El simple hecho de planteárselo conscientemente, le hizo caer en la cuenta de que no poseía esa habilidad; lo que le llevó a tomar la decisión de matricularse en una academia.


Esa decisión y toma de conciencia es fundamental para seguir progresando en cualquier campo. A este segundo nivel de aprendizaje, se le llama incompetencia consciente, porque ya se sabe que no se sabe (el máximo problema, es la negación del problema).


Empezaron las clases y llegó un día en que se instaló en el nivel de competencia consciente donde se sabe que se sabe. Esta es la fase más crítica porque es cuando suele cundir el pánico y Juan no fue una excepción. Todo se tiene aprendido con alfileres, sea el carnet de conducir, una oposición o el aprendizaje de un nuevo idioma. Juan, no se aclaraba con tantas cosas como tenía que hacer a la vez (mirar por el retrovisor, frenar, cambiar de marcha, acelerar, intermitentes, etc.). Digo que esta es la fase más crítica y decisiva del aprendizaje, porque marca el punto de inflexión entre seguir con lo que estamos haciendo y lograr nuestro objetivo o abandonar y fracasar.


Finalmente, tuvo la suficiente fortaleza o capacidad de frustración (rasgo diferencial del adulto), como para seguir adelante, llegando a la etapa final de cualquier aprendizaje, que es la competencia inconsciente. Ese es el punto donde, no se sabe que se sabe. Por lo tanto, Juan ya era capaz de desplazarse con el coche sin tener conciencia de estar haciéndolo. Tenía tan incorporado el aprendizaje, que ya conducía “inconscientemente”.


Hay muchas cosas en la vida, que aprendemos y no se olvidan nunca aunque haga años que no las practicamos. Por ejemplo, montar en bicicleta es un aprendizaje que nunca se olvida por la gran participación psiconeuromuscular que implica. Los profesionales del golf o de otros deportes, hablan continuamente de las “buenas o malas sensaciones” que han sentido durante el partido. Se refieren indudablemente a esa competencia inconsciente o memoria muscular que les permite “jugar sin pensar”.


Parto de la base de que el lector se ha enfrentado con éxito a múltiples personas y situaciones más o menos conflictivas. Esa es la prueba palpable de que posee competencia inconsciente para tratar con personas o situaciones difíciles, Pero, precisamente, por ser esta competencia inconsciente, se le suele atribuir erróneamente el éxito, al instinto o a la suerte. Espero que de ahora en adelante, seáis más conscientes de vuestras competencias; sobre todo si os dedicáis a la psicoterapia.

EL LENGUAJE Y EL SIGNIFICADO DEL SINTOMA EN PSICOTERAPIA

En medicina y en psicología, nos han enseñado que por encima de todo hay que acabar con los síntomas. Si un paciente tiene fiebre, hay que quitársela inmediatamente, olvidándonos que esa fiebre, por ejemplo, es un mecanismo de defensa del organismo frente a la presencia de un virus. Según mi punto de vista, el médico debe estar al lado del paciente “vigilando” esa fiebre, para que no llegue a una temperatura que le pudiera hacer convulsionar. Su función es la de acompañar y facilitar el mecanismo de defensa que la fiebre representa, tratando de entender de forma global, qué le está pasando a ese paciente en particular.

Ningún síntoma va en contra del psiquismo de ningún paciente o en otras palabras: “lo que le ocurre a un paciente a través del síntoma, es lo menos malo que le puede ocurrir”.

Si yo te pregunto para qué te sirve el dolor cuando te rompes un brazo, seguramente me contestarás que para nada en absoluto, sin embargo; si reflexionas un poco, verás que gracias al dolor, no mueves el brazo porque si lo hicieras, te romperías, músculos, nervios, tendones, etc., y la avería sería mucho más grave. Por lo tanto, la naturaleza que es muy sabia, ha puesto en marcha el mecanismo del dolor para evitar “males mayores”. Lo mismo ocurre en nuestra mente inconsciente, que siempre busca lo menos malo para nosotros y eso, en general, no resulta obvio.

Ejemplos clínicos

Imagínate que estas ascendiendo por una montaña y que lógicamente a medida que asciendes, la concentración de oxigeno es menor. Tu organismo para adaptarse a la hostilidad del ambiente, empieza a generar un síntoma que es la disnea (respiración jadeante, superficial y rápida). Para alguien que estuviera observándote, pensaría que te encuentras muy mal; cuando en realidad esa disnea, es un mecanismo de defensa que genera tu cuerpo para “bombear” más oxígeno, y así combatir su déficit.

Seguimos con otro ejemplo un poco exagerado, pero que para los fines didácticos nos puede servir: si soy tan inconsciente que me pongo a correr como si tuviera 20 años, de pronto me provoco un esguince –y gracias a él–, evito la posibilidad de que me dé un infarto.

¿Quién ante un examen, no ha tenido una fiebre oportuna …?

Hace un tiempo, me mandaron de una clínica de Madrid, a una paciente de 25 años de edad. Tanto ella como su marido se habían sometido a múltiples exámenes sin que les encontraran nada orgánico que justificase el porqué no se quedaba embarazada. Me la derivaron con el diagnóstico de “esterilidad psicógena” (o de causa psíquica).

Llamaré a la paciente María. Me dijo que procedía de una familia con unos padres muy unidos y donde ella era la mayor de cinco hermanos con los que se llevaba especialmente bien. En toda psicoterapia breve integral planificada, la etapa psicodiagnóstica es fundamental y en este caso, pude constatar que la relación con su marido era muy afectiva, y estaban profundamente enamorados.

Después de efectuarle un estudio completo, tuve con ella la primera y última sesión de psicoterapia. Le dije de forma directa que ya sabía porque no podía tener hijos:

– No puedes tener hijos porque tú ya has sido madre … aunque … soltera

Ante mi afirmación, se quedó absolutamente bloqueada y al cabo de unos segundos, me contestó molesta:

– en absoluto, yo fui virgen al matrimonio…

Sonriendo, le contesté:

-– María, por lo que me has contado, cuando tenias 15 años ya eras “madre” sin saberlo. Has tenido que cuidar de tus hermanos desde que eras muy pequeña debido al poco tiempo y a lo atareada que estaba tu madre. Hiciste una función materna que no te correspondía a esa edad y aunque hayan pasado diez años de aquello, tu psiquismo lo sigue recordando. Ahora que tienes una pareja que te adora, inconscientemente, no estás dispuesta a hacerte cargo de otro bebé.

– Es como si tu capacidad de dar, se hubiera agotado a los 15, y aún no estás lo suficientemente reparada –en tus necesidades afectivas–, como para volver a hacerte cargo de un nuevo bebé. Necesitas sentir ese deseo, y cuando lo sientas, seguro que ya podrás tener a tu hijo.

No volví a tener noticias de María, hasta que siete meses después, me vino a ver a la consulta con su marido, para decirme que estaban esperando un hijo.

En general, la pregunta que siempre se hace un profesional frente a un síntoma, es el PORQUÉ del mismo, pero pocas veces se hace la que para mí es la pregunta correcta: ¿PARA QUÉ LE SIRVE A ESE PSIQUISMO EN PARTICULAR ESE SÍNTOMA EN PARTICULAR? En cualquier novela de detectives, antes o después, siempre se acaba preguntando por ¿quién se beneficia con la muerte de esta persona? Pues bien, con el psiquismo debemos hacer lo mismo, porque TODO SÍNTOMA ES UN COMPROMISO QUE SIRVE PARA DENUNCIAR Y ENCUBRIR ALGO.

En el caso de María, el síntoma de la esterilidad representaba un compromiso entre su parte consciente que “quería” tener el hijo y su parte inconsciente que “no quería” tenerlo. Su consciente le decía que reunía todos los requisitos para tener un hijo; estaban enamorados y tanto su marido como ella lo deseaban de verdad; pero su inconsciente, le advertía del peligro de tener que seguir dando en un momento que aún necesitaba seguir recibiendo. Por lo tanto, la “esterilidad psicógena” era un buen compromiso entre ambas partes, ¿Inteligente el psiquismo no?

En este caso, el síntoma denunciaba su necesidad de seguir siendo gratificada y encubría la resistencia a que le naciera un bebe; al que tendría que cuidar en un momento que aun no estaba preparada. Por tanto, María sin saberlo, tenía un CONFLICTO intrapsíquico y el SÍNTOMA era su representante externo.

Ahora podemos preguntarnos, qué tienen en común todos los síntomas. Pues bien, cualquier malestar o síntoma, al menos siempre sirve para dos cosas:

1.- En primer lugar sirve para dejar de hacer lo que estamos haciendo (nos vamos a casa, anulamos citas, etc.), y

2.- En segundo lugar, nos obliga a pensar en nosotros. Es como si un buen amigo, nos dijera: deja de perjudicarte ya. Empieza de una vez a cuidarte y a pensar en ti.

Por lo tanto, los síntomas, si sabemos leerlos, se comportan como verdaderos timbres de alarma (ver «ansiedad señal versus ansiedad traumática«) que nos avisan de que algo anda mal en nuestro interior y que es necesario que les prestemos atención. 

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